Vacuidad atemorizante

Hace poco heredé un celular de un amigo arquitecto-urbanista, que luego de unos cuantos pitillos de alerta (me refiero a los avisos sonoros que emite el celular al recibir un mensaje) me percaté de que él estaba suscrito a un críptico número 4142. Pasada la molestia inicial -la de los primeros pitillos- me empecé a cuestionar la vacuidad de nuestras existencias.

Dícese que “el índice de vacuidad de nuestras vidas”, o la conciencia que tenemos de aquella, se mide por la cantidad de actividades (o “huevadas”) paralelas en las que uno está comprometido, estrujándole hasta el tuétano el microsegundo que nos va quedando de vida, entregando valioso tiempo a cada uno de aquellas (independiente de lo que recibamos a cambio), ya sea leyendo un libro, viendo una película, escuchando un disco, observando una pintura, u otros más domésticos pero que nacen de la simple gana de hacerlo. Sin embargo tener la opción de contratar un servicio como este, para recibir mensajes como los que grafico a continuación, cada jodida hora, pues que me ha dejado estupefacto, me superó, de una situación livianamente molesta he pasado a una realmente atemorizante…. estimad@s…. no le digan a nadie… pero ya sé como detectar a los Zombies.

::::

::::

::::

::::

::::

Este último mensaje de texto, si es que mi morada hubiese sido en Whitechapel , Londres, por allá por fines de 1888, me hubiera servido de una inspiración bárbara. Info

:::

Este contenido esta publicado con Licencia Creative Commons by BALDE! Boletín.


related post

Leave A Comment