En mi último relato atemorizante (Posteo Balde de 12 de julio) daba cuenta de la aparición en el aeropuerto de Santiago de una figura de connotaciones siniestras, alimentada por quién sabe qué arquitecto-diseñador-moldeador de comportamientos: EL OJO! que todo lo ve y que está alerta hasta de tus pensamientos más profundos.
Había prometido no pisar en mi vida ese espacio de terror, sin embargo una misión laboral me obligó a levantar cabeza, enfrentar a mis espectros y viajar hacia el norte.
La senda del taxi que me condujo hasta la puerta del Terminal nacional esquivó con atino el alcance del OJO, que al minuto de este posteo parece haber sido ocultado por una malla tipo rachel, daños post-terremoto tal vez, o víctima de una lucha de poderes sobrenaturales que escapan a nuestra comprensión humana, quién sabe…..
No sin cierto alivio, pero con mis sensores de piel activados, abordé el bus que me conduciría hasta la puerta misma del avión SKY, pero …… sorpresa mía, un código atemorizante, un símbolo de sucesos impredecibles que se podrían apoderar de mi persona, y del resto de los pasajeros, en el transcurso de las próximas horas fue revelado antes de subir por la escalera delantera:
En cualquier caso esa exclamación chilenística podría haber sido interpretada positiva o negativamente, sin embargo una nueva señal despierta mi estado atemorizante y me deja en vilo por el resto del vuelo, la instrucción de la azafata “Por favor señor pasajero enderece sus asientos y asegúrese que la mesa frente a Ud. esté en posición vertical y perfectamente bloqueada” no podría ser ejecutada en un 100%, la mesa tenía su pieza clave en una situación deplorable, inmanejable, y la dejaba con una leve inclinación hacia mi persona, el riesgo de partir mi frente en dos hemisferios durante una sacudida fue pensamiento recurrente por largos minutos….
Pero otra situación más atemorizante aún ocurriría unas horas más tarde, sin previo aviso, sin notar una diferencia asimilable entre un minuto y su predecesor, las máscaras de oxígeno caían y se empezaba a hacer real la coreográfica instrucción de las azafatas antes de iniciar el vuelo: “En caso de despresurización, se abrirá automáticamente un compartimiento situado encima de sus asientos que contiene las máscaras de oxígeno. En ese caso, tire de la máscara, colóquela sobre la nariz y boca y respire con normalidad”,…como si seguramente fuéramos a respirar “normalmente”, más bien “normalmente como Denis Hooper en Tercipelo Azul”
Como se percatarán, al final todo esto no es más que una dulce anécdota que hace latente todos mis miedos acumulados por años… no obstante al volver al aeropuerto nortino para tomar vuelo rumbo a Santiago me percato que alguna señalética, que pretende atemorizar y hasta lo logra, pero oculta existencias mucho más atemorizadas que la mía,
¿Es esto parte del sistema?, ¿es una maquinación entre arquitectos y uniformados, diseñadores y ejecutores, una manipulación de los miedos más primitivos?, ¿estamos sujetos a este tipo de señalética que se reserva un mensaje más terrorífico que lo que escrito está?, ¿es parte de la ecuación de una vez que tienes el terror incrustado en la psiquis más vale mantenerlo latente incluso con letreros verdes que parecen de lo más inofensivos?, ¿qué pasa si hacemos un carapálida junto a unos alaridos estruendosos?, ¿o es que acaso nos conviene no hacerlo pues el que está con más temor dispone de un arma en ristre listo para descargar a mansalva?…
¿ch’tas y qué pasa si se me pincha un neumático?.

















